TRISTE HISTORIA:

Productor engañado y estafado luego de perder a uno de sus hijos

Decidió venderle a un sujeto 9 máquinas agrícolas: 2 sembradoras de grano grueso, 2 tractores Zanello, 1 fertilizadora, 1 casilla, 1 carro, y 1 amada y nostálgica cosechadora Bernardin, modelo 1978, por una suma estimada en alrededor de $24 millones. Recibio 5 cheques. No cobró ninguno.
martes, 10 de mayo de 2022 · 09:02

Oscar Colantonio es un pequeño productor y arrendatario rural de la localidad bonaerense de Juan N. Fernández, Partido de Necochea. Vivió durante 60 años del fruto del trabajo rural que realizaba junto con sus dos hijos, que lo ayudaban en sus tareas, y que paulatinamente heredaron la cultura del esfuerzo que les inculcó su padre. A principios de 2022, Oscar perdió al mayor de sus hijos.

Su partida fue un antes y un después en la vida de Oscar. Decidió dejar de trabajar, vender sus herramientas agrícolas, y dedicarse a disfrutar de sus nietos, de su hijo Alexis, y del tiempo que le quedara por delante.

Tomada esa decisión, en febrero pasado, publicó en Facebook la venta de uno de los tractores con los que había trabajado. A través de esa red social conoció a un posible comprador de ese equipo.

El interesado, se presentó en la chacra. Muy entrador el hombre, de acento correntino, trato amistoso y generador de confianza, comenzó interactuar con Oscar. Le dijo que estaba muy interesado en comprarle el tractor, y cualquier otra herramienta que tuviera a la venta.

Oscar, acostumbrado al trato de gente de pueblo, típico vecino de una localidad de 3.500 habitantes, comenzó a mostrarle todo lo que quería vender. Fue en ese momento en que el potencial comprador encontró la manera de que Oscar entablara con él una relación de la que no iba a poder deshacerse.

Oscar decidió venderle a este sujeto 9 máquinas agrícolas: 2 sembradoras de grano grueso, 2 tractores Zanello, 1 fertilizadora, 1 casilla, 1 carro, y 1 amada y nostálgica cosechadora Bernardin, modelo 1978, que tenía más valor sentimental que económico. Por una suma estimada en alrededor de $24 M, Oscar recibió 5 cheques diferidos. Según le dijo el comprador, antes que llegara la fecha de cobro de los cheques, él mismo iba a llevarle el dinero en efectivo, y en ese momento, recuperaría los cheques, que le había entregado como garantía de pago. Oscar ya había planeado comprarse un departamento, y no había descartado la idea de hacer un viaje, aunque el recuerdo de su hijo fallecido le generaba cierta culpa.

Durante algunas semanas, el contacto con el comprador fue frecuente. Se escribían mensajes diariamente, y hasta se había generado una especie de amistad. Un día llegó al campo el carretón que se iba a llevar las herramientas. Eran tantas y tan grandes que debieron hacer 4 viajes. En uno de esos viajes, el comprador ofreció pagar el lechón para un asado que ambos acordaron compartir como celebración del negocio.

Pero los días pasaron y el dinero en efectivo no aparecía. Ya en abril, Oscar y su hijo fueron hasta la sucursal del Banco Provincia en Nicanor Olivera, localidad cercana a Juan N. Fernández, también en el Partido de Necochea, a querer cobrar el primer cheque que el comprador les había dejado.

Al presentarse por ventanilla, Oscar casi fue detenido porque los empleados bancarios comprobaron que el cheque estaba adulterado, tenía una firma apócrifa y estaban denunciados como robados. En ese momento Oscar comprobó que lo habían estafado.

El estado de angustia y desconsuelo no le hizo bajar los brazos. Ubicando al chofer del carretón que se había llevado las herramientas de la chacra, supo que esos equipos habían llegado hasta el paraje Krabe, Partido de Coronel Pringles, donde habían quedado estacionados varios días. Oscar, su hijo y un sobrino, emprendieron viaje hacia el Partido de Coronel Pringles. Llegaron a Krabe y como era de esperar no hallaron ningún rastro de las maquinas. No se dieron por vencidos y llegaron a la ciudad.

Al llegar a la cabecera del partido, en un local de ventas de herramientas agrícolas, Oscar vio y reconoció su carro y su fertilizadora, expuestos a la venta. Se detuvo a tomar fotografías y datos. Motivado a obtener justicia, ingresó a la localidad, y recorriendo sus alrededores comenzó a encontrar de a una, todas sus maquinarias.

Cada una de ellas estaban en distintos puntos de Coronel Pringles, fácilmente visibles desde la calle. Pero esos equipos habían sido comprados por pringlenses, que también habían sido estafados por quien se las había comprado a Oscar.

El inescrupuloso sujeto que se las había comprado a Oscar no había vendido por sí solo esas máquinas en Pringles. Para este trabajo, contó con la ayuda de dos individuos locales. Ambos hicieron las veces de intermediarios, para que el estafador de Oscar pudiera “colocar” las máquinas a diferentes compradores locales.

Uno de ellos, un vecino pringlense, que había trabajado toda su vida en el campo, a fin de mejorar su equipamiento y tentado por el buen precio de las herramientas de Oscar, sumo dinero y una camioneta Toyota usada para adquirir varias de esas máquinas. Pero no fue el único. Al menos 4 personas más decidieron comprar las “gangas” que el a todas luces estafador ofrecía por todo Pringles, a través de sus intermediarios locales.

Casi una semana más tarde de todos estos hechos, intervino la policial bonaerense local, que ya poco podía por hacer. Oscar había perdido sus herramientas de trabajo por un dinero que nunca cobró, y el resto de los pringlenses damnificados habían pagado máquinas, que posteriormente se supo habían sido obtenidas a través de una estafa.

Obviamente, a esta altura de los acontecimientos, el presunto estafador ya no respondía los mensajes de WhatsApp ni las insistentes llamadas de todas sus víctimas, y es probable que ya esté camino a su Corrientes natal, con el fruto de accionar ilegal.

Moraleja

Cada una de las víctimas de esta historia espera el veredicto de la justicia interviniente.

Un gran desafío le demandará al poder judicial decidir a quienes le serán restituidas sus pertenencias, sean dinero o máquinas. Como mínimo, son varias las familias necochenses y pringlenses que están digiriendo este mal trago en manos de personas que, aunque la justicia aún no se haya expedido, son estafadores.

Gente inescrupulosa que se abusa de una idiosincrasia de alguna gente de pueblo, de buena fe, de lealtad verbal, que aun con todo lo que sucede en la Argentina, considera que la palabra todavía tiene un valor ético y moral.

Esta desgraciada historia podría servir al menos para advertir a quienes aún se manejan con excesiva confianza o ingenuidad, que los engaños y estafas están siempre al acecho de un descuido para aprovecharse y apoderarse de cualquier cosa que signifique valor económico o sentimental. Será cuestión de estar atentos y vigilantes. (Fuente RuralNet)

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